Atari, una historia de amor


atari Allá por 1988 comenzó mi relación con los videojuegos, una que confieso no le veo final. Entre las consolas y yo existe el más firme contrato nupcial de “hasta que la muerte nos separe”, algo de lo que pueden dar fe mis amigos más cercanos.

Fue un encuentro casual lo que nos unió, en casa de un amigo cuyo abuelo, marinero mercante, traía lo último de “a-fue-ra”, como diría un popular personaje humorístico cubano.

Nunca olvidaré como luego de concluido el capítulo de turno en la serie del “Bumbum-chaca chaca” (les dejo el enlace al video de presentación del programa, que se llama El Profesor Poopsnagle y el secreto de las salamandras de oro), propuse a mi amigo irnos para el campamento, un lugar maravilloso donde nos enfrentábamos “los pistoleros del barrio” todo el día. A los cinco años, tener un campamento, con provisiones y todo, es la gloria misma.

Pero mi amigo me dijo: “Tú tas loco, vamos a quedarnos acá, deja que tu veas lo que me trajo mi abuelo”. Cambió el televisor de canal, y encendió un aparato que había debajo, negro, con cuadrados atados por un cable que tenían cada uno una palanca y un botón rojo. Miré, y en una esquina una palabra lo identificaba como Atari.

Mi amigo le dio al botón ON y aquello fue amor a primera vista. Cuando el cuadriculado lobo feroz apareció en pantalla, y aprendí que podía controlarlo mediante aquella palanca, y con el botón rojo daba candela (o soplaba) las casas de los tres cerditos, sentí un poder indescriptible. Algo similar a lo que sucedió a otro amigo cuando vio por vez primera los Centuriones, un dibujo animado que pasaba Cartoon Network en los 90 y media ciudad veía apuntando las ilegales antenas hacia el hotel Habana Libre, hasta que alguien codificó aquello y se fue para siempre el Cartoon Network.

Pero bueno, regreso al Atari luego del circunloquio, que el tema de las antenas es otro.

Atari en Cuba identifica de forma oficial cualquier consola de videojuego, gracias a aquellos primeros equipos que llegaron cuando la palabra Internet quizá nunca se había escuchado en este archipiélago.

Como nunca antes, ese juego me atrapó, y por un tiempo el campamento, el deporte y los juegos en el barrio no fueron tan entretenidos.

Luego llegaron Super Mario, la era Nintendo, la tercera dimensión de la mano de Sony y el salto de Microsoft al mercado con un consola que pareciera no tener límites, y poca competencia. Con ellos se forjaron amistades y un sentido del honor propio de los jugadores que gustan de ganarlo todo sin hacer trampas.

Y como dicen que los bloggers deben escribir de aquello que les apasione, decidí inaugurar en mi bitácora esta nueva categoría, para compartir con quienes lo deseen vivencias y opiniones sobre el atari, una pasión que en mí ya cumplió la mayoría de edad y aún se mantiene como aquella primera vez en que me convertí en el lobo feroz.

Nota: Si tienes alguna vivencia relacionada con los videojuegos, no dudes en compartirla por acá.

2 comentarios en “Atari, una historia de amor

  1. Pingback: Atari, una historia de amor « delmonte1986

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