Revelación


sueño

Foto: mejorconsalud.com

Para Leydis, por inspirarme a no abandonar un sueño, este blog

El murmullo es insoportable. ¿Lo estaré soñando? ¿Por qué aumenta ese volumen de forma ensordecedora? Abro los ojos y son las 6:17 a.m. Demasiado temprano en un día que para mí comenzó frente al ordenador, trabajando.

Necesito que pare ese ruido… esa conversación… ¡ese televisor! El inconfundible acento del doblaje me indica que es una telenovela lo que alguien ve —y de paso comparte— con el resto del vecindario.

No logro identificar de dónde proviene. No puedo hacerlo con apenas tres horas de sueño. Soy un walker al que sacó de su sopor la insensibilidad. Doy vueltas en la cama y trato de retomar el sueño pero el maldito diálogo se convirtió en discusión y ahora retumba con más fuerza dentro de las paredes de mi cuarto.

Aprieto los párpados y respiro profundo. Es muy temprano para dar un escándalo por sobre el escándalo. Mejor sigo en cama, necesito seguir en mi cama.

Entonces cesa el ruido. No sé qué hora será pero me importa poco, tengo que dormir para en un rato no muy lejano seguir con mi trabajo.

Despierto sobresaltado, la puerta del apartamento de al lado se ha estrellado contra su marco. Es normal. Siento pena por la pobre puerta, que cayó en manos de animales salvajes capaces de articular palabras.

Decido que ya no dormiré más. Total, no me dejan. A trabajar entonces, ya tomaré una siesta a media tarde. Hago mis tareas acompañado de martillazos, sierras, el ruido de las excavadoras que no muy lejos preparan el terreno para un grupo de generación eléctrica y el inconfundible ritmo de la bachata dominicana, ¿Prince Royce, Romeo Santos? Whatever.

En cuanto todo está en orden retomo el sueño necesario, o eso creo. Oigo un desfile de todo tipo de productos. “Salfumán”, cloro, medallones, yuca, comino, aguacate, escobas, palos de trapear, jarritos de aluminio, el pan suave, el pan duro. Son los pregoneros, los vendedores por cuenta propia que desfilan de forma interminable por frente a mi edificio. Molestan mucho, pero tienen mi respeto. Es una dura forma de ganarse la vida que siempre me hace sentirme afortunado, aunque me quiten el sueño.

Sigo entonces con la jornada de trabajo, ya luego vendrá el descanso reparador. El añorado descanso. Pero se me olvida que no llegará.

Los que no trabajan recién comienzan su jornada y seguirán toda la noche con gente que entra y sale de su casa, hablan como si fuera pleno mediodía, hacen tertulias, usan la batidora, ven un Dorama a toda voz, aunque son incapaces de hablar el castellano como se debe, mientras la niña pequeña corre como debió hacerlo en el parque a media tarde.

Así avanza la noche, hasta que me vence el sueño. Viene a galope, viene con furia, el sueño me quiere para sí. Ya no sé qué hora será, pero debo aprovechar y dormir, en un rato viene el próximo capítulo de la telenovela que hace retumbar mis paredes, en un rato reinicia el ciclo sin fin del ruido.

De pronto, justo antes de desconectarme del mundo, tengo una revelación: debo mudarme para encontrar mi sueño, debo mudarme para el cabo de San Antonio.

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